Braceros; la fuerza mexicana en tierra extranjera

El programa Bracero, o bien el Mexican Farm Labor Program, surge de un acuerdo binacional de empleo entre México y Estados Unidos iniciado en 1942 y finalizado en 1964, que buscaba suplir con mano de obra mexicana la ausencia de trabajadores estadounidenses que habían tenido que salir a combatir a la guerra.

Aquellos que buscaron participar en el programa tenían que viajar a alguno de los centros de contratación ubicados en ciudades como Mexicali, Hermosillo, Ciudad de México, entre otras. El primer grupo fue de un millar de mexicanos que llegaron a California a trabajar en los campos de caña de azúcar, paulatinamente fue creciendo el número de participantes y la variedad de actividades a desempeñar.

“La primera vez que pasé tenía unos 16 años… había gente en Chihuahua que tenía meses esperando que les llamaran…”

En muchos estados los jóvenes que obtenían su cartilla militar sabían que debían inscribirse al programa pues la realidad que se vivía en el campo mexicano era ser condenado a la pobreza; mientras que los braceros recibían un pago de 1 dólar por hora, que en esa época equivalía a 12.50 pesos mexicanos, en nuestro país por una jornada de 8 a 10 horas se pagaban tan sólo 5 pesos.

“Estaba mucha gente haciendo fila… no crea usted que había 5, 10 o 20 había miles de gentes…”
 “Ya en la noche nos echaron en un carguero.”

Sin embargo, las condiciones en las que trabajaban y vivían los braceros eran muchas veces deplorables. El maltrato comenzaba desde el momento en que debían esperar junto a cientos de jóvenes en los centros de contratación donde se les iba llamando por pequeños grupos para realizar los exámenes físicos necesarios que incluían la desinfección con polvos que se les arrojaban por todo el cuerpo.

En la mañana en Juárez “¿Nunca le ha tocado estar en donde bañan las vacas? Así era un lugar donde nos metían, un chutis… ahí nos atacaban de polvo, nos dejaban blancos… más adelante nos quitaban la ropa; había unas doce o trece filas, ahí pasabas y te daban el contrato, te decían a dónde ibas a ir”

Quienes lograban el cometido recibían un contrato por, 30, 90 o hasta 120 días; de los centros los transportaban en camiones hasta las granjas donde laborarían. Allí las jornadas de sol a sol eran tan pesadas que muchos desertaban al poco tiempo. Al término del día podían pernoctar en un campamento que a veces no era otra cosa que tejabanes bajo los cuales se acomodaban.

“En el primer trabajo que me pusieron fue pizcar algodón… cerca de Pecos, allí fui dos veces, la primera no aguanté el contrato… la segunda vez estuve en los riegos, ya la tercera vez me volvió a tocar donde mismo (pizca de algodón) y no aguanté, deserté…”

Fueron hasta 4.5 millones los contratos expedidos, y millón y medio los que cruzaron la frontera persiguiendo la promesa de un trabajo mejor pagado que el que podía ofrecer su tierra. Lo cierto es que el costo fue mínimo para Estados Unidos que aprovecharon lo barato de la mano de obra mexicana que de otro modo seguiría en la pobreza de México. El programa llegó a su término cuando ya no era necesario el trabajo de los migrantes, y también tras duras críticas que señalaban la explotación y violación de derechos humanos a los braceros.

Si tú piensas ir, detente
O si estás allá, regresa
Donde está tu terruño y está tu gente
Y el rinconcito aquel que te vio nacer
Donde está el amor que puedes perder. Canción: El Canto del Bracero.

El conflicto bracero, ahorros extraviados

Durante su estadía en los Estados Unidos, a los braceros se les retenía el 10% de su salario semanalmente y se abonaba a un Fondo de Ahorro Campesino; al término del programa bracero, el dinero fue enviado a través del Banco Wells Fargo y entregado al Banco Nacional de Crédito Agrícola S.A. (después Banrural) y al Banco de Ahorro Nacional.

Sin embargo, el dinero que estuvo en manos del gobierno desapareció en circunstancias a la fecha no esclarecidas, dejando a los trabajadores sin el dinero que les pertenecía.

En 2005, el gobierno mexicano crea un Fideicomiso para el pago a los ex braceros, y establece un monto fijo de 38 mil pesos, cantidad que no correspondía al monto generado por cada ex bracero sino al tope permitido para apoyos otorgados por el Gobierno; este dinero sería entregado al trabajador o a su familia en caso de que este ya haya fallecido. Para acceder a este “apoyo social” debía presentarse ante las Mesas receptoras cualquier documento que pudiera comprobar que participaron en el programa bracero, desde el contrato, la mica o reconocimientos obtenidos por su trabajo y esperar de manera indefinida, hasta que en las listas expedidas apareciera el nombre del trabajador. No obstante, no han vuelto a ser abiertas las mesas receptoras

En la región norte del estado de Durango, el Lic. Martín Avalos fue designado como Coordinador en favor de los Ex braceros; quien ha impulsado sin recibir ningún beneficio económico la lucha por el dinero que corresponde. En la región atiende a ex braceros de varios municipios teniendo hasta hoy un registro de más de 2200 personas, pero pocos han recibido los treinta y ocho mil pesos.

Reunión con Ex Braceros en Santiago Papasquiaro, 2010. Cedida por Martín Avalos.
  • Datos recabados de fuentes oficiales. Información y relatos compartidos por Lic. Martín Avalos y Sr. Abdón Gutiérrez.

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