Columnas

Sin querer saber

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Año con año, el día siete de junio se conmemora el día mundial de la libertad de expresión. Esta libertad es un derecho universal, escrito y resonado. Nada más. Así se lee: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Artículo 19 de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos“. 

No obstante, las condiciones particulares de México convierten el derecho en monumentos y discursos utópicos, desatinados cuentos para los niños de esta realidad, un pretexto absorbido por los gobiernos para vanagloriarse de garantías, logros inventados y futuros desechables. Sin ir demasiado lejos, y abordando el tema de la libertad de prensa, la región de Durango, y en especial la zona serrana y los poblados alejados no son conscientes de la carencia de información veraz y las implicaciones de ello.

Zonas en la sierra donde el Internet ya está disponible abren ventanas de luz para esos pobladores, que deben aprovecharlo como herramienta de campo y no como maquillaje diario. Zonas no rurales donde los servicios de acceso a la información no faltan son desperdiciados y sustituidos por falsa información, comentarios y poca profundidad. La culpa no es única del comunicador cuando el derecho es universal. 

Y es que, la poca información que hay se filtra por algunas rendijas, pero escapa deformada. Por otros lados surge como un rumor, y también como un producto en venta. Los pocos que iluminan la nota generadora de dinero trabajan descubiertos, adalides armados con folio y tinta únicamente.

El problema no es informarse sobre obras y proyectos gubernamentales, pues para ello, los gobiernos de cualquier nivel tienen oficinas de comunicación social que diariamente dan cuenta de ello. Lo difícil se encuentra cuando se quiere saber cómo es en verdad este lugar, qué está pasando, o por qué no está pasando algo. El riesgo para los comunicadores no reside en la protesta, sino en la investigación, no sólo en los gobiernos sino en los civiles también.

En estas zonas sin cobertura real del periodismo florecen los campos de noche, se acumulan los muertos, se omiten detalles a la luz de un candil, y se cambian las vertientes libres. Y aunque todo sea sabido, por costumbre o tradición, lo cierto es que la incerteza da cabida a la manipulación.

México, se ha colocado en la lista de lugares más peligrosos para ejercer el periodismo. Recientemente, el comunicador Javier Valdez fue asesinado en Sinaloa y su deceso dejó ver más de lo que nos pudo contar. Como él muchos han muerto formulando preguntas y escribiendo respuestas, descubriendo la estructura de esta noche peligrosa, corrupta y represora.

De esta noche profunda incluso los dormidos piden liberar, al menos, de a poco la verdad. 

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