Columnas

Úsese y después… deséchese

1Aún recuerdo los momentos que, reunidos alrededor del radio, escuchamos música y radionovelas, pues fíjense que ese radio de mi abuela de los años antiguos aún se conserva y además funciona, así como el reloj de ferrocarrilero que un día le regrese a un amigo ¿que cree? sigue marcando las horas, y la bicicleta de mi tío, una marca Búfalo, aún sigue rodando. En qué momento cambió el mundo, por el esquema de lo desechable. A partir del invento del plástico y el avance de la tecnología para hacer más llevadera la vida de los humanos, así tenemos la mayoría de los objetos y mecanismos de plástico y otros materiales, los que se desgastan más rápido que los  de antaño. Otros ejemplos para entrar a tono; los vehículos antes eran de lámina fuerte y rígida, ahora son de fibra de vidrio, lo que aumenta el peligro de daños colaterales aunque el invento de las bolsas de aire, son una pequeña ayuda.

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Hoy estamos sumergidos y ahogándonos en un mar de pañales, discos, corazas, botellas, bolsas, empaques y materiales que no se pueden reusar ni reciclar, un poco porcentaje de esto es viable como inversión y muchas ocasiones como un compromiso obligado, la basura con los componentes inorgánicos y que son quemados a cielo abierto es un problema de salud ambiental. La humanidad se enfrenta además del hambre, el terrorismo, los desplazados,  las enfermedades y la guerra, a este problema que aumenta exponencialmente en nuestro planeta.

Este primer acercamiento tal parece que el tema solo es de carácter ecológico, sin embargo esto va más allá del medio ambiente, comentemos una breve historia:

“En un pueblo muy pequeño, habitaba una familia de los esposos, dos hijos y el padre del hombre –un anciano postrado en un catre, sin movimientos y en espera de la muerte- la escasez de trabajo, la aridez de la tierra y la pobreza extrema estaban en su punto más alto. Un día la esposa le dice al hombre –mira la comida que le toca a tu padre le hace falta a nuestros hijos, tu padre está por morir, mejor que lo lleves a tirar al campo, así su alimento servirá para que nuestros hijos vivan- mientras hablaban no se dieron cuenta que el padre y los niños escucharon esta conversación. Al día siguiente el hombre llevo un enorme canasto, y le dijo a su padre: vamos a dar un paseo por el campo, coloco al anciano en el canasto y lo cargo en la espalda, el anciano les dice a los niños: nietos los quiero mucho, si no los vuelvo a ver, cuídense y respeten a sus padres. El hombre se puso una banda de cuero en la frente y cargo con el canasto y su padre. Algunos pasos adelante, los niños salieron corriendo y le dijeron a su padre: por favor trae el canasto de regreso pues es el único, en que; “cuando seas anciano también te iremos a tirar al campo.”

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La sociedad actual, descarta a los pobres, a los desempleados, a los que no piensan como los que ordenan en el mundo, los ancianos son olvidados en los rincones, los niños con problemas de aprendizaje son rechazados por los profesores, los campesinos pidiendo limosna, los indígenas desplazados y rechazados en las ciudades, los jóvenes profesionistas que no encuentran empleo en su área de formación, los artistas que se mueren por hambre, los luchadores sociales perseguidos y desaparecidos, los vecinos incómodos por no compartir los ideales políticos o de carácter religioso. Descartar y desechar a los otros es aún un problema de dimensiones descomunales, una sociedad en donde no existe la confianza en su gobierno y el aumento de los poderes en otros grupos, tienden una red de desesperanza. ¿Qué podemos hacer? Recuperar terreno en los valores: de la verdad, la justicia y el amor, fácil no es pero si lo intentamos podremos reducir el rechazo a los otros y mejorar este mundo que es el único que tenemos. Y lo más grave es que la mayoría ha descartado a Dios de sus corazones, esto aumenta la Relatividad moral, todo es permitido en el nombre del dinero, del poder y el placer.

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